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Cuarto día del incendio en los cerros del Tepozteco. El final del siniestro

El viernes 8 de abril desde las 7 de la mañana comenzó la movilización en Tepoztlán, los motores de los helicópteros que sobrevolaban la zona anunciaban con su ruido que aun el siniestro no estaba controlado.

Helicópteros incendio 1

Helicóptero de la Marina sobrevolando el Valle de Atongo. Foto: AZT

En el campo deportivo despegaban en orden aeronaves de la marina, de la policía federal, del estado de México y CDMX transportando agua a las zonas más inaccesibles de la montaña.

Mientras tanto abajo, la gente se preparaba para dar continuidad a la labor de emergencia que se

Acopio en el zócalo de Tepoztlán. Foto: C. Cuellar

Acopio en el zócalo de Tepoztlán. Foto: C. Cuellar

había hecho rutina en los últimos días, los brigadistas se alistaban para subir en los principales puntos a atacar el incendio: San Juan, Santo Domingo Ocotitlan, Oztopulco, el paraje denominado Los Venaditos y el Cerro de la Campana.

Conforme avanzaba el tiempo la participación de la población en el acopio de víveres seguía creciendo al grado de que hubo que cerrarlo, “pues ya era más que suficiente lo recolectado”, se estima que se juntaron cerca de cinco mil botellas de agua, además de una buena cantidad de herramienta y alimentos, donaciones en especie provenientes de la localidad, de otros municipios estados y hasta ayuda internacional.

Acopio en el zocalo de Tepoztlán. Foto C. Cuellar

Acopio en el zocalo de Tepoztlán. Foto C. Cuellar

Se preparaban sándwiches, tacos, aguas fresca y demás comida para repartir a todos los que participaban activamente en el rescate de la montaña; la coordinación de brigadas, distribución de herramientas, alimentos, anotaciones de lo que entraba y salía en el centro de acopio, era llevada laboriosamente con exhaustiva rigurosidad. Los grupos de voluntarios comenzaban a salir y a distribuirse en lo distintos puntos a atacar el fuego -que estaba a punto de ser sofocado-.

Las horas avanzaban y la labor de los brigadistas comenzaba a dar frutos, había cada vez menos fumarolas y el cielo era más claro, a medio día se anunciaba que el fuego de la zona de la cañada de San Jerónimo había sido sofocado en su totalidad. Se pedía apoyo en la zona de Achichipico, Oztopulco, Venaditos y Cerro de la Campana para mitigar lo que serian los últimos respiros del incendio.

Brigadistas haciendo brechas.

Brigadistas haciendo brechas.

Alrededor de las siete de la noche el fuego estaba casi controlado en su totalidad, gracias a labor de brigadas y grupos de jóvenes que concentraron sus esfuerzos en el área denominada Antiguo Camino a Santo Domingo Ocotitlan. El pueblo respiraba alivio de nuevo y la frescura de la noche se sentía otra vez en el ambiente aunque con una tensa calma por el temor de que revivieran las llamas que el viento que amenazaba con desatar de nuevo.

Helicópteros incendio 6

En este siniestro fue muy valiosa la participación de helicópteros, CONAFOR, brigadas del Estado de México, brigadas rurales de corta fuegos y voluntarios de otras ciudades y estados pero fue fundamental el trabajo coordinado de toda la ciudadanía tepozteca, pues fue la fuerza principal que logró extinguir el devastador incendio; Brigadistas, grupos cívicos como los denominados Camaleones, Halcones, Colibríes, Leones, Tejones, etcétera. pero también: jóvenes voluntarios, mujeres, ancianos, niños, pueblos y comunidades vecinas, acopiadores, coordinadores, encargados del transporte, etc. fueron fundamentales en el rescate y preservación del patrimonio natural tepozteco, en una organización que a decir de los visitantes “jamás habían visto en otras latitudes”.

Este incendio (uno de los más devastadores 250 has.) volvió a dejar un ejemplo de organización (como en Tepoztlán suele ocurrir) pero también una lección para una mejor coordinación y prevención en el futuro; el ímpetu juvenil estuvo en todo momento y se combinó con la experiencia y conocimiento de los más viejos en el combate al fuego, en un ejemplo de ecologismo popular que deja un precedente para futuro y ayuda a heredar el amor por la montaña a las nuevas generaciones. Pareciera que el dios viento (Ehécatl) al avivar el fuego (Huehuetéotl) quiso despertar el espíritu de unidad de su pueblo, alertándolo para continuar la lucha por su patrimonio y cultura comunitaria.

 



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