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La historia detrás de los cerros tepoztecos

Los cerros tepoztecos, esas elevaciones que forman parte de la cordillera Ajusco- Chichinautzin e impresionan a propios y extraños por su tamaño y formas únicas, no son solamente monumentos forjados por la fuerza de la naturaleza, contienen también parte de la historia de un pueblo.

Cerro del viento, Ehecatepetl

Cerro del viento, Ehecatepetl

Por Carlos Cuellar

La imponente presencia de las montañas tepoztecas, es y ha sido motivo de admiración y veneración desde tiempos precolombinos. Los macizos rocosos han sido parte del paisaje y la vida cotidiana de Tepoztlán. Son puntos de referencia, de ubicación y ejemplifican lugares de adoración o de vivienda (dependiendo la época). Cada cerro ha tenido un significado específico para los habitantes, derivado de lo que brinda esa montaña (agua, animales, plantas, refugio, etc.) de ahí sus variados nombres.

Antes de la llegada de los españoles se consideraba que los cerros o montañas eran seres vivos y hogar de ciertas energías o divinidades, eran territorios simbólicos, puntos de origen y lugares sagrados. Los pueblos nahuas, consideraban que los cerros retenían (durante la estación seca) el agua en su interior, para soltarla de nuevo en tiempo de lluvias. Igualmente se creía que dentro de si contenían el maíz y demás alimentos necesarios para la subsistencia humana. La sacralidad de las montañas se debía a que los habitantes (que tenían amplios conocimientos de todos los ciclos naturales y de un sin número de especies animales y vegetales) consideraban a las montañas venerables, por su abundante biodiversidad que proporcionaba lo básico para la subsistencia.

Vista de Tepoztlán desde el cerro de la luz. Foto: Adelfa Zorrilla

Vista de Tepoztlán desde el cerro de la luz. Foto: Adelfa Zorrilla

Los cerros tepoztecos han sido testigos de diversas escenas de suma importancia histórica, los protagonistas de estas historias plasmaron en las paredes de la montaña desde pinturas rupestres prehispánicas, hasta proclamas revolucionarias. Durante la intervención francesa en México, los ejércitos franceses (a su paso por Tepoztlán) plasmaron leyendas en contra de México en las faldas de la montaña. A finales de 1800 algunos bandidos usaron algunas oquedades de los cerros para resguardarse, y a decir de los más viejos para guardar sus tesoros. En la época revolucionaria los habitantes aprovecharon las montañas para protegerse de las tropas federales y acondicionaron pequeñas cuevas para resguardarse, incluso algunos combatientes escribieron en las paredes mensajes revolucionarios.

Hoy, caminando por las montañas tepoztecas podemos encontrar todos estos tatuajes que han dejado diversos episodios humanos a su paso por este territorio; (desde pinturas rupestres hasta escritos revolucionarios), nos muestran la profunda relación de los habitantes con sus montañas. Y la importancia de los macizos rocosos en los diversos episodios de la historia tepozteca.

La cultura y la naturaleza han jugado papeles de influencia recíproca en la historia de Tepoztlán, los cerros han sido símbolos siempre presentes: lugares de culto, manantiales recónditos de agua, hábitat de una rica biodiversidad y refugio en caso de peligro. Hoy en día el conocimiento ancestral y la relación cercana con las montañas y la naturaleza se han perdido en gran parte, debido a la dinámica de vida moderna, pero en las rocas persisten aun los tatuajes que la historia ha plasmado como huellas indelebles en nuestro paisaje montañoso.

 



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