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Los tecorrales, muros sustentables.

Cuentan los abuelos que antes en el pueblo no había bardas ni portones, que todas las construcciones estaban bien parejitas y de cualquier parte se alcanzaban a ver los cerros, era otra la arquitectura de las casas de ese entonces y las divisiones de la propiedad se delimitaban de otra forma, era común ir por la calle y platicar con las personas que se encontraban en su casa pues no había barreras físicas para socializar.

tecorral

Tecorral en el centro de Tepoztlan 1930. Fototeca Tepoztlan en el tiempo.

Planeta Tepoztlán / Carlos Cuellar

Hoy en día, mientras caminamos por algunos barrios, vemos algunos muros pequeños de aquella época, elaborados con rocas apiladas sin ninguna clase de cemento o argamasa entre sus piedras; generalmente tienen metro y medio o dos metros de altura y un metro de ancho, aunque los hay algunos muy altos u otros mas bajos.

Son los tecorrales, cuyo significado viene del nahuatl tetl piedra, y la voz española corral, sitio cerrado y descubierto que sirve para guardar animales; su función es sobre todo fijar límites o dar una certeza territorial, se utilizan también para la construcción de terrazas, división de territorio o evitar el paso a los animales por sitios peligrosos, además funcionan como un sistema de conservación de los suelos de la región.

Tecorral en 5 de Mayo, Barrio San Miguel. Foto: Adelfa Zorrilla

Tecorral en 5 de Mayo, Barrio San Miguel. Foto: Adelfa Zorrilla

Además de delimitar, el tecorral tiene una doble función: filtra y retiene el agua de la lluvia, esto hace que de este broten flores y yerbas; parte de la flora que sale en el tecorral tiene funciones medicinales y también comestibles, entre las que podemos encontrar el Muitle (hierva medicinal que se prepara en infusión), el Mastuerzo, (flor comestible), el Axihuitl (ideal para quemaduras y cicatrización de la piel) y un sinfín de plantas ornamentales de la región como: helechos, suculentas, enredaderas con flores etc. Estas plantas en conjunto forman verdaderos jardines verticales. Por si esto fuera poco, los tecorrales son la vivienda de algunos roedores benéficos para los cultivos como la Mustela Frenata o hurón, y animales como la iguana, la ardilla de tierra etc.

Tecorral. Foto: C. Cuellar

Tecorral. Foto: C. Cuellar

Construir un tecorral tiene mucho de conocimientos sobre arquitectura empírica, pues se requiere primero juntar las piedras e irlas acomodando para que embonen una sobre otra con mucha paciencia a manera de piezas de rompecabezas, alzando piedras de más de cuarenta kilos, acomodándolas poco a poco y enfilándolas (algunas veces por más de veinte metros) en perfecta dirección.

Antes de la “modernidad” el pueblo estaba lleno de estas peculiares divisiones en las casas que existían previamente a la moda de las “bardas verdes”, y cumplían una función ecológica, alimenticia y estética. Hoy en día estas construcciones sustentables son sustituidas por altos muros de piedra o block, que no cumplen ya con ninguna función más que la de delimitar la propiedad privada y restringir el paisaje, además de ser poco estéticas y poco funcionales.

El tecorral es parte de la arquitectura vernácula del pueblo que comienza a perderse con el tiempo. En tiempos en los que el concreto comienza a inundar Tepoztlán, el tecorral se convierte en un símbolo de lo que fue el pueblo alguna vez, recordándonos que la construcción tradicional tenía la cualidad de ser sustentable.

 

 

 



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