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Los Trabajadores del Tiempo de San Andrés de la Cal

Cada tercer viernes de mayo en el pueblo de San Andrés de la Cal, municipio de Tepoztlán, se lleva a cabo una de las ceremonias nahuas más antiguas de la región, la ceremonia de petición de lluvia Yeyecatl o Yeyecame.

Chichihuites de San Andrés.

Chichihuites de San Andrés.

Por: C. Cuellar

Desde muy temprana hora asistimos a esta celebración, llegamos por una carretera que bordea la cordillera sur de Tepoztlán, a través de una recta estrecha que por un lado deja ver la selva baja caducifolia, y por otro, las multiformes montañas de Tepoztlán.

LLevando la ofrenda. Foto Roberto Robles Quiroz

LLevando la ofrenda. Foto Roberto Robles Quiroz

Arribamos a la iglesia grande de San Andres alrededor de las 7:30 am; el templo llama la atención por estar frente a otra iglesia más pequeña, en la iglesia grande se oficia misa, el piso de la entrada se encuentra ocupado por los chicquihuites que contienen la ofrenda que se depositará posteriormente; al terminar la misa el padre bendice cada uno de los chiquihuites que serán ofrecidos para procurar el buen tiempo.

Terminado el ritual católico, la gente se divide en grupos, algunos irán a las pozas u ojos de agua, otros más irán al Cerro de la Corona y algunos otros a diversas cuevas cercanas al Chalchihuitepetl, (se dice que en total se visitan siete cuevas y seis ojos de agua donde se depositarán las ofrendas). Los que guían cada grupo son los herederos del conocimiento de doña Jovita, quien durante años ha sido el personaje central en esta celebración, ella heredo su saber de los antepasados y a su vez lego sus conocimientos a quienes ahora conducen la ceremonia de petición de lluvia.

Nos integramos al grupo que se dirige al Cerro de la Corona; con don Felipe, quien será el que guiara la ceremonia en esa montaña; conforme avanzamos nos adentramos en la selva baja y escuchamos una cantidad impresionante de pájaros, la tierra huele a humedad y la selva baja caducifolia comienza a rodearnos, arboles de un gris metálico: Cuajiotes, Tepehuajes y uno que otro Amate nos circundan, a ras de suelo vemos cactáceas: agaves y nopales con flores anaranjadas que adornan nuestro camino que se convierte en una pendiente, que posteriormente subirá por el cerro de la corona.

Ofrenda a los trabajadores del tiempo. Foto Roberto Robles Quiroz

Ofrenda a los trabajadores del tiempo. Foto Roberto Robles Quiroz

Mientras avanzamos bajo un calor que se intensifica, Juan, un joven de unos 25 años que ayuda a don Felipe en la ceremonia, nos comenta que cada vez es menor el interés y la participación del pueblo en estas ceremonias de petición, “muchos ya no quieren cooperar, otros no participan pues su religión no se los permite, la cosa es que cada vez somos menos”, nos cuenta con un tono triste.

Llegamos a la primera cueva que es un hoyo, en medio del camino que lleva a la cima del Cerro de la Corona; don Felipe y Juan bajan con una cuerda, la gente se queda afuera respetuosamente; con un eco cavernoso se escucha a don Felipe hablar, se prende un copal y comienza a salir humo de la abertura de roca. La primera ofrenda se baja con una cuerda, mientras se escucha el sonido de un pequeño silbato de colores que toca don Felipe, quien al mismo tiempo pide por el buen tiempo; la ofrenda lleva dulces y frutas olorosas, a los aires les gustan los aromas fuertes y los colores brillantes; hay tamales y tlaxcales chiquitos, hay también: juguetitos, muñecos, viboritas, animalitos, y todo esto se acompaña con pequeñas botellas de embriagante mezcal y pulque, hay jarros y platitos de barro para dejar la comida.

Don Felipe, entre oraciones y plegarias habla con los aires y con los guardianes de la cueva mientras fuma un cigarro que lo protege de algún mal aire, a la vez que acomoda la ofrenda.

San Andrés haciendo la ofrenda.

San Andrés haciendo la ofrenda.

Una vez culminada la primera ofrenda se lanzan tres cohetes, y la procesión se dirige al siguiente paraje; la llamada cueva del elefante, una vez ahí, llama la atención la composición arenosa y calcárea del socavón, recuerdo que este territorio alguna vez estuvo bajo el agua marina, de sus paredes penden corales submarinos; la ofrenda en este lugar es similar a la primera.

Llegamos a la tercera cueva que presenta una entrada estrechísima en donde los encargados de la ceremonia entran a ras del suelo , los que acompañan solo escuchan con gran respeto desde afuera la música del silbato y miran el humo que sale del sahumerio que escapa por la entrada de la caverna, la ceremonia se lleva a cabo con mucho respeto y sacralidad.

La creencia de que las nubes nacen en las montañas y en los cerros donde se guarda y deposita el agua de la lluvia es precolombina, ahí es la morada de los aires -ahuaques- dueños del agua que es enviada al exterior para el disfrute de los hombres; dicha creencia está arraigada en diversos pueblos de Mesoamérica. Juan nos comenta que los aires son niños por eso se les lleva juguetes y trastecitos pequeños.

San Andrés bajando a la cueva del elefante.

San Andrés bajando a la cueva del elefante.

Para finalizar la jornada caminamos y llegamos a un gran socavón que asemeja un gran auditorio de piedra, una vez ahí los presentes se acomodan alrededor de la entrada, y los que llevarán la ceremonia se plantan en el centro de la cueva; debajo de una gran cruz se pone la ofrenda a los Trabajadores del Tiempo pidiendo permiso a los guardianes del lugar, después se pide buen tiempo, los ahí reunidos fuman un cigarro como protección; se deja el mole, los muñecos, los juguetes y en poco tiempo el socavón se llena de humo de copal, la ceremonia es llevada a cabo mientras los asistentes guardan silencio, de pronto un fuerte viento inunda la cueva y mueve los arboles para asombro de los presentes. Es el final del recorrido.

Cerro de la corona

Cerro de la corona

Al finalizar nos dirigimos a la iglesia de San Salvador (que se encuentra frente a la iglesia grande), ahí nos reciben con humo de copal, -así se limpia a todos los que regresan de colocar las ofrendas- Nos encontramos con los otros grupos que ofrendaron también en otras latitudes; las doñas del pueblo nos ofrecen mole verde y tamales, cansados pero maravillados, degustamos el tradicional platillo tepozteco, mientras platicamos con don Justo sobre esta tradición y otras costumbres típicas del pueblo de San Andres.

Cueva del elefante. San Andrés de la Cal

Cueva del elefante. San Andrés de la Cal

La ceremonia de petición de lluvia de san Andrés es una de las tradiciones más hermosas del municipio de Tepoztlán, y representa la espiritualidad de lo que alguna vez fue uno de los pueblos con más importancia religiosa de Mesoamérica, la continuidad de esa fiesta es la continuidad que da vida a las raíces profundas de la espiritualidad tepozteca.

 



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