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¿Por qué se celebra del Día de la Candelaria?

Según la tradición, apunta a la fiesta de la Purificación

Nacimiento en la calle Niño Artillero e Isabel La Católica en el Barrio de San Miguel. Fotografía: Adelfa Zorrilla

Nacimiento en la calle Niño Artillero e Isabel La Católica en el Barrio de San Miguel. Fotografía: Adelfa Zorrilla

Por Notimex

El sentido más puro y escrupuloso del Día de la Candelaria, que se celebra el 2 de febrero, apunta a la fiesta de la Purificación. Las Velas Bendecidas ese día, símbolo de luz y purificación, son conservadas para auxiliar a los moribundos y alejar las tentaciones del mal.

Según el Clero, Dios indicó a Moisés que cuando una mujer da a luz una niña, será impura dos semanas y se quedará en casa 66 días. Presentará a la recién nacida al sacerdote, con animales como ofrenda, y éste hará por la madre la expiación, con lo que volverá a ser pura de sangre otra vez.

Pero si el recién nacido es niño, la madre es impura siete días, al octavo día el niño es circuncidado, y la mujer aún se quedará en casa 33 días más, para su purificación, y no tocará nada santo ni irá al templo. Por eso, justamente el 2 de febrero se conmemora la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén.

Esta festividad se realiza desde el siglo IV y pronto se extendió al Medio Oriente; cuando llegó a Roma se le añadió la letanía (procesiones cantadas). En el siglo IX se le agregó la ceremonia de la Bendición de las Candelas, para auxiliar a los moribundos y librarse de las tentaciones del demonio.

En México el Día de la Candelaria se celebra desde los primeros años de la Época Colonial. Sin embargo, los primeros testimonios escritos que dan testimonio de esta fiesta datan de 1792. Hoy en día, cada rincón del país imprime un sello particular a las fiestas, pero todas coinciden en festejar el mismo hecho.

En muchos pueblos, comunidades y barrios de México se festeja este día, y aunque todos tienen la misma esencia religiosa, cada uno lo hace de acuerdo a sus costumbres, tradiciones y cosmovisión. Además de preparar y saborear tamales y llevar a bendecir al Niño Dios, se organizan fiesta de tipo popular.

Así, entre bailes públicos, juegos pirotécnicos, procesiones, representaciones teatrales, ferias, intercambio de flores e incluso una actividad semejante a la Pamplonada española, donde los asistentes corren delante de toros sueltos por las calles del pueblo, se celebra en cada localidad, región o estado de México.

El 2 de febrero culmina el ciclo de las fiestas navideñas que iniciaron con las posadas y la colocación del nacimiento. Este día se levantan los nacimientos y al mismo tiempo, se cena en familia uno de los platillos que se conocen y disfrutan más en prácticamente todo Mesoamérica: Los tamales y el atole.

Madrina viste al Niño en una casa del Barrio de San Miguel. Fotografía: Adelfa Zorrilla

Madrina viste al Niño en una casa del Barrio de San Miguel. Fotografía: Adelfa Zorrilla

En Tepoztlán, Morelos, la ceremonia está ligada al ciclo agrícola y coincide con el tiempo en que se preparan las tierras para la siembra y ya se ha hecho la selección de las semillas que se van a sembrar, las cuales reciben la bendición en este día; El pueblo celebra esta fiesta con mucha entrega y fervor religioso.

Las iglesias de cada barrio tienen un nacimiento con su Niño Dios, el cual se levanta este día. La señal de congregación la dan los cohetes que comienzan a ser lanzados al aire. El curso de las actividades del día 1 y 2 lo irá marcando el truene y el retruene de los cohetes por todos los pueblos de ese municipio.

¿Que se escucha un ensarte por el lado de San Sebastián? Quiere decir que ya llegó el señor cura a oficiar la misa. Tocan a fiesta las campanas y la música de los altoparlantes. Al medio día hay misa solemne en la parroquia. Ahí están las madrinas con sus niños engalanados y todos, felices, gozan la fiesta.

En esta ceremonia participan más las mujeres. Los padrinos que arrullaron al Niño el 24 de diciembre dan las ropas nuevas y regalos para levantarlo y llevarlo a oír misa. La madrina obsequia el ajuar con el que permanecerá en el altar familiar hasta el próximo diciembre. El padrino regala vino y galletas.

Es obligación de la madrina levantar al niño del pesebre, vestirlo con sus nuevos atavíos y sentarlo en una silla adornada. Al aceptar apadrinar un Niño Dios se establece un fuerte e irrompible lazo de compadrazgo, con las mismas obligaciones y privilegios que exigiría un hijo de carne y hueso de la familia.



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